DIA DE LA MUJER. Silvia Cardiello, la secretaria que tenía el sueño de ser maestra

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(8/3/21) “Estaré hasta fin de año, cuando el 22 de diciembre cumpla 60 años por lo que me voy a jubilar en 2022. Y este ha sido el único trabajo que he tenido en mi vida. Entré cuando estabas los militares, así que hace 41 años que estoy en el SOECO” comenzó contando Silvia Cristina Cardiello (59), secretario administrativa del sindicato ceramista desde hace más de cuatro décadas. Y hoy tiene ella la “palabra ceramista”, en el Día de la Mujer.

“¿Cómo entré a trabajar en SOECO?. Fui a recomendar a una compañera de estudio y la tomaron. Pero después empezaron a llamar por teléfono a mi casa para que también entrara a trabajar. Yo pensé que mi amiga había tenido algún problema laboral y por eso me llamaban, pero no, fue para sumarme. Es que al principio yo no estaba muy convencida porque quería estudiar maestra jardinera. Entonces fui a ver cómo era la oferta y me explicaron que por la actitud que había tenido era que querían que también empezara a trabajar. Y entré. Me dieron enseguida la llave de la caja para ser la encargada de manejar los reintegros. Tenía 18 años” siguió diciendo Silvia.

“Primero dije que no, porque yo quería seguir estudiando. Pero me hicieron una oferta económica muy buena realmente, súper alta, así que lo pensé aunque querían una respuesta rápida. Al otro día me llamaron por teléfono para saber qué había decidido y les dije que si. Eramos cinco empleadas repartidas entre obra social y el sindicato. Al sindicato lo manejaban los militares en esa época y al frente estaba el teniente coronel Fernández, después llegó Guanuco y a continuación entró una comisión transitoria que estaba formada por un representante de cada fábrica, de Cerro Negro y de Losa. Ya comenzó a trabajar también Pedro Garay, como representante de Cerro Negro – La Providencia; después se formó la comisión directiva y los nuevos dirigentes me solicitaron que me quedara para seguir trabajando, ya que las otras chicas tomaron otros caminos laborales en sus vidas. Y desde esa fecha estoy trabajando, desde 1980 según el recibo de sueldo aunque había entrado en 1979” agregó en su relato de aquellos primeros años en el SOECO.

“Empecé haciendo todo lo relacionado con el reintegro de medicamentos. La gente traía la receta y la boleta, yo pedía el dinero al banco, ellos (los que manejaban el sindicato) me controlaban y se tenían que quedar hasta que yo terminara la caja. Nadie podía retirarse de la oficina. Era así en aquellos años. Comencé como encargada y después fui incorporando otras tareas como la parte administrativa, afiliaciones, nacimientos, los aportes, de todo un poco” explicó.

“Los cambios más grandes fueron tecnológicos de aquella época a esta. Nada que ver un trabajo con el otro. Así que me fui adaptando, aggiornándome con cada cambio, sobre todo con el ingreso de la gente que venía y se incorporaba, todas cosas relacionadas con la parte administrativa. Claro que me fui acostumbrando y acomodándome con la computación, por supuesto. Además la gente ya me conoce mucho, me quiere, tiene confianza y me reconoce después de tantos años acá adentro, hay otra relación con los afiliados. O me llaman, consultan, una ayuda en todo. Y es hermoso, a mi me encanta este trabajo. No me arrepentí de no haber estudiado como maestra jardinera, aunque al principio reconozco que sí, que estaba un poco arrepentida, pero después el trabajo me encantó” siguió diciendo respecto de las diferencias de épocas en cuanto a lo laboral.

“Yo era la única mujer en un momento -al principio éramos cinco-, porque después las otras chicas se fueron a otros trabajos y entonces quedé sola en la parte del sindicato. Estábamos en la misma sede, en la calle Coronel Suárez 2228. Yo colaboraba con la obra social y estaba en el sindicato. Y respecto de la mujer te diría que ha cambiado mucho. Yo siempre trabajé con muchos hombres, porque así es el gremio ceramista, pero ante todo siempre hubo respeto. Eso ante todo. No puedo decir nada negativo, porque siempre me han tratado de manera perfecta. No tengo absolutamente nada para decir, al contrario” contó Silvia, quien se casó -apenas ingresó a trabajar- con Juan Daniel Bricka (fallecido) y tuvo dos hijos: Daniel Germán (35), o el “Vasco” para todos en la familia, y Vanesa Gisele (34).

“Cuando falleció mi esposo tuve que salir adelante por mis hijos, pero tenía trabajo, felizmente. Germán no quiso seguir estudiando y se quedó en La Plata y Gisel sí estudió y se recibió de locutora nacional y está estudiando periodismo, tiene su trabajo en la Radio de la Facultad” agregó la abuela de Taiel Mangudo (8 que cumple el 22 de marzo) y otro nieto, también hijo de Gisele, que está por venir” dijo finalmente Silvia, quien siempre agradece el respaldo y el cuidado que recibió de parte de la dirigencia del SOECO, “en un trabajo que me encanta, que me adapté a los cambios. Yo tengo un agradecimiento total a todos los compañeros que tuve y a todos los dirigentes, y siempre estoy dispuesta para trabajar porque, reitero, esto es algo que me gusta muchísimo desde hace cuarenta años”.

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